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miércoles, 4 de abril de 2012

Barcos


Ella, entonces, sin más que un rostro absorto, me pide que me saque los auriculares (no sé como se paso de un plano a otro, de mi entresueño a sentarse en mi mesa de luz, tirando todas las pavadas que había encima)y me grita que ya lo sabe, que es en vano que lo oculte. Lo que no dice es qué sabe.
Me siento en la cama y le miro las piernas largas y desnudas, ella sonríe. Es como si Anna Karina hubiese perdido todo lo delicado de su belleza y la cruzara en el San Martín.
Me habla de faltar al laburo. Que deje todo, que nos marchemos a Polonia.

Después de dormirla en mis brazos, cantándole al oído "Tal vez será su voz", veo un papel ínfimo en sus manos, lo extraigo con cuidado y leo:

"ya lo sé, me han dicho que ten visto...sé que cuando no subís en el primer vagón de subte empezás a recorrerlo fingiendo que buscás a alguien hasta donde podés"Un tocadiscos a lo lejos empieza a saltar como cuando finaliza un LP

Y suena la alarma de las 8:30

lunes, 5 de marzo de 2012

El fino límite entre el sueño y la vigilia I


Y entonces, ella tan menudita y sencilla me explica que el moreno con pinta de número 5 de Ghana es el padre de su hijo, que es bioquímico y lo conoció en un ferry a Colonia.

Y él ex, entredormido, aburrido y un poco melancólico, putea a Cámpora, el cachorro.

Y yo comprendo cada vez más que el ruido en el techo es un festival amoroso de los gatos y me entredormí escuchando la voz doblada de Matt Damon.